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Metabolismo lento: Verdad o mito

Metabolismo lento: verdad o mito

En el día a día escuchamos frases de todo tipo relacionadas con la alimentación.

“Tengo el metabolismo lento y por eso engordo.”
“Como lo mismo que otras personas y yo gano peso.”
“A mí me cuesta muchísimo adelgazar porque mi metabolismo no funciona bien.”

Son frases que escuchamos con frecuencia en consulta y que forman parte del lenguaje cotidiano cuando hablamos de peso, alimentación y pérdida de grasa.

Pero ¿existe realmente el metabolismo lento?

¿Qué es el metabolismo basal?

El metabolismo engloba el conjunto de procesos mediante los cuales nuestro organismo utiliza la energía para mantenerse vivo y funcionar. Esto incluye actividades como la respiración, la circulación sanguínea, la regulación de la temperatura corporal y el mantenimiento de órganos vitales. 

¿De qué depende nuestro gasto energético?

Existen numerosos factores que influyen en el gasto energético individual de la persona.

1. El tamaño y la composición corporal

Una persona con mayor cantidad de masa corporal suele necesitar más energía para mantener su organismo. La masa libre de grasa, que incluye entre otros tejidos la masa muscular y los órganos, contribuye de forma importante al gasto energético en reposo.

Por eso, dos personas que pesan exactamente lo mismo pueden tener necesidades energéticas diferentes si su composición corporal es distinta.

2. La edad

Con el paso de los años se producen cambios en la composición corporal y en el nivel de actividad física que pueden contribuir a reducir el gasto energético.

Pero decir simplemente que “el metabolismo se ralentiza porque cumples años” tampoco explica lo que realmente ocurre.

Una parte importante de los cambios pueden estar relacionada con la pérdida de masa muscular y, especialmente, con que nos movemos menos en nuestra vida cotidiana.

3. La actividad física

Aquí encontramos una de las variables sobre las que más podemos actuar. El ejercicio es importante, pero no es la única forma de movimiento que cuenta.

Caminar, subir escaleras, desplazarnos andando, hacer tareas domésticas o permanecer de pie también supone un gasto energético (es decir, el NEAT) muy importante en el día a día.

4. La alimentación

Nuestro organismo también utiliza energía para digerir, absorber y procesar los nutrientes que ingerimos.

Por tanto, comer no significa únicamente incorporar energía: nuestro organismo también necesita energía para gestionar esa ingesta.

5. La genética y otros factores individuales

Existe una variabilidad individual que no podemos explicar únicamente por el peso, la altura o la cantidad de ejercicio. La genética, determinadas condiciones de salud, las hormonas, algunos medicamentos y otros factores fisiológicos también pueden influir en el gasto energético.

Por eso, no tiene sentido comparar directamente lo que come una persona con lo que come otra y asumir que ambas necesitan exactamente lo mismo o que una tiene un metabolismo más lento que la otra.

¿Existe realmente un metabolismo lento?

Sí existen diferencias en el gasto energético entre personas, pero hablar simplemente de “metabolismo lento” puede llevarnos a error.

Nuestro organismo necesita energía constantemente. Incluso mientras dormimos o estamos sentados sin hacer nada, estamos gastando energía para respirar, mantener la temperatura corporal, hacer funcionar el corazón, el cerebro y el resto de los órganos.

A esta parte del gasto energético se la conoce como gasto energético en reposo. Pero nuestro gasto diario no depende únicamente de este metabolismo en reposo.

También gastamos energía cuando caminamos, trabajamos, subimos escaleras, hacemos deporte, realizamos las tareas de casa o simplemente nos movemos durante el día.

Por eso, cuando hablamos de metabolismo y peso corporal, tenemos que mirar el gasto energético total, no únicamente el metabolismo basal.

Cuando una persona afirma que come muy poco y no pierde peso, pueden estar ocurriendo muchas cosas.

Por ejemplo:

  • Puede estar sobreestimando cuánto gasta durante el ejercicio.
  • Puede estar subestimando pequeñas ingestas que se producen a lo largo del día.
  • Puede haber diferencias importantes en su actividad cotidiana.
  • Puede haber perdido masa muscular después de diferentes dietas.
  • Puede estar siguiendo una dieta demasiado restrictiva y tener dificultades para mantenerla.
  • Puede haber recuperado parte del peso perdido y necesitar ahora menos energía que antes.
  • Puede existir algún factor médico que convenga valorar
  • Existe una mala relación con la comida y no se conocen las señales de hambre y saciedad.

Por eso, reducir toda la situación a “tienes un metabolismo lento” no suele ayudarnos a encontrar la solución.

La pregunta más interesante no es: “¿Tengo el metabolismo lento?”

Sino: “¿Qué factores están determinando mi gasto energético y mi relación con la comida?”

¿Realmente existe el metabolismo lento? La respuesta es más compleja de lo que parece. Cada persona tiene unas necesidades energéticas diferentes, determinadas por factores como la composición corporal, la edad, la actividad física y otros aspectos individuales.

En resumen el metabolismo se ha convertido en una especie de “culpable” al que atribuimos muchas veces la dificultad para perder peso o para dar explicaciones de nuestra comopsición corporal. Alrededor de él han aparecido todo tipo de promesas: alimentos que supuestamente lo aceleran, suplementos, infusiones, dietas detox o estrategias que prometen convertir un metabolismo “lento” en uno “rápido”.

En GUT Nutrición preferimos no buscar la forma de “acelerar” el metabolismo, sino entender qué está ocurriendo en cada persona y diseñar una estrategia que pueda mantenerse a largo plazo.

Si sientes que comes poco y no consigues perder peso, que has probado numerosas dietas o que recuperas fácilmente el peso perdido, quizá no necesites otra dieta.

Quizá necesites entender qué está pasando y encontrar una estrategia adaptada a ti.

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